miércoles, 28 de octubre de 2026

2010.10.23

 Kiosco Kako, Carnicería La Paz 23 de octubre de 2010








MUESTRA INAUGURAL

La primera muestra de Galerías efímeras fue doble. Se inauguró simultáneamente en Kiosco Kako y Carnicería La Paz, dos locales ubicados en barrio Jardín, a pocos metros de distancia uno de otro. Previo a la inauguración, un auto parlante recorrió la zona anunciando la muestra. Hubo corte de cinta y palabras a cargo de Lucas Despósito, quien se explayó a partir de la relación entre muestra médica y muestra artística. Cerró la noche David Maggioni con un concierto barroco en violín. Lo exhibido en ambos locales, tanto su mercadería habitual como los dibujos y pinturas, estaba a la venta.






El muro de las reflexiones, de Javier Sandoval 

Kiosco Kako fue un espacio de 2 x 3 metros con una mística muy especial y una pared cubierta de: “Ignorar al otro, un signo de estos tiempos” (recorte de diario)/ “Tenemos que descolonizar a Bolivia” (recorte de diario)/ “¿CUÁL ES? ¿El día más bello? Hoy. ¿La cosa más difícil? Equivocarse. ¿El obstáculo más grande? El miedo” (dichos de la Madre Teresa de Calcuta sobre afiche)/ “Vuelve a empezar, aunque sientas el cansancio, aunque el triunfo te abandone. Fracaso, no significa que estemos derrotados, significa que hemos perdido una batalla” (escrito sobre papel afiche)/ Calcomanías de Evo Morales y la Ley de Medios/ Banderín de Argentina/ Afiches de chicle Bobbaloo/ Instructivo para reconocer un billete de $100 falso. Javier Sandoval, el dueño del kiosco, es un artista de la música y las palabras, le gusta narrar historias, tuvo un programa de radio y editó discos con sus canciones. Siempre tenía a mano dos carpetas con canciones de folclore y tocaba la guitarra con los clientes. En la muestra inaugural, cantó canciones populares y también de su autoría.






Mi familia, de Mili, Delfi, y Nacho Rinstich 

Carnicería La Paz tiene una zona vacía en la pared detrás del mostrador. Es el “cubo blanco” del local, un guiño al white cube moderno, el espacio de exposición ideal, de paredes blancas y lisas donde el arte puede apreciarse sin contaminación, un ámbito neutro, inodoro, apolítico, como flotando en un cielo de nubes inmaculadas. En ese lugar, Freddy y Soledad Rinstich (dueños de la carnicería) pegaban los dibujos de sus hijos Mili, Delfi y Nacho, repletos de personajes que no eran sino los miembros de la familia (el sí mismo encontrando su lugar en esta cosmogonía), la casa, el árbol, el pájaro, el sol, el viento, el perro, el mundo.




Cohete con tres personalidades, de Diego Galíndez 

A la carnicería llegaron también múltiples figuritas: hombrecitos, aviones, híbridos de hombres y aviones, perros pilotos, nubes con patas. Cual enjambre, una mitología escapada de los cuadros de Diego Galíndez se desperdigaba hasta encontrarse con los dibujos de Mili, Delfi y Nacho, entremezclándose unos personajes con otros.































.

.

.







No hay comentarios:

Publicar un comentario