Desde el jardín. Mayo de 2014
PROLOGO Al grito de “no vives de ensalada”, los Simpson hacen un trencito y bailan frente a la vegetariana Lisa. Como si de filosofía por rubro pudiera hablarse, luego de varias exposiciones en una carnicería, se presentó ante Galerías efímeras la oportunidad de cambiar el rojo por el verde y desplegar otra poética. La idea de producir un ciclo sostenido durante un mes tenía por objetivo posibilitar el desarrollo, seguimiento y exhibición de obras progresivas en las que se transparentaran los procesos de producción, obras que dejaran huellas de su factura y no borraran el recorrido que las constituyó. Un ciclo como oportunidad de desplegar un pensamiento sostenido, al cual ir sumando capas y matices, y de ahondar en la noción de sitio específico. Dentro del ciclo también se desarrolló Aspersor: desde una laptop en la góndola de frutas, se compartió un panorama de la videoperformance producida en Córdoba junto a piezas procedentes de Rosario, La Rioja, Buenos Aires, Chile, Brasil y Ecuador. Hubo además eventos puntuales de performance, recitales e instalaciones distribuidos a lo largo del ciclo. Y un catálogo que contenía una pequeña lámina de oro con instrucciones para ser frotada entre los dedos (un gesto con aspiraciones alquímicas, una reminiscencia a Pedí un deseo, la acción en la que Belkys Scolamieri va dejando silenciosamente, allí por donde pasa, papelitos que tienen el dibujo de una flor y la frase “pedí un deseo”, para que alguien quizá los encuentre), y un plantín de pensamiento con un tutor (reproducción de los tutores de Belkys, pequeñas ramas pintadas con anillos de colores que regala a sus amigos para colocar en macetas). Cabe aclarar que todo gravitaba alrededor de Being There, la novela escrita en 1971 por Jerzy Kosinski, cuyo título fue traducido como Desde el jardín. Su argumento gira en torno a Mr. Chance, quien ha vivido absolutamente aislado toda su vida dedicado al cuidado de un jardín y un día tiene que enfrentarse al mundo. Hablando de lo único que conoce –su jardín–, es capaz no sólo de sobrevivir sino también de llegar a las más altas esferas de la sociedad. ¿Sabe Chance algo que el resto ignora? Todos hablan de él porque creen que él habla de algo diferente de aquello de lo que habla. Un discurso que se toma por metafórico y dotado de gran sapiencia por empresarios, políticos y medios de comunicación. No media maldad ni engaño por parte de Chance, sólo se muestra como es y los demás le atribuyen significado, viéndolo a través del prisma de sus propios deseos. Galerías efímeras fue verde en Verdulería Amor Natural.
Verdulería Amor Natural, computadoras, celulares 3 de mayo de 2014 capítulo 1: walk on the wild side. La galería de arte en la verdulería y el 1 de mayo presentan: trabajadores golondrinas en oleadas. Un tipo grandote arrodillado frente a una frutilla. Dos hombres que frente al pasto hablan de la muerte. Los árboles brotan en la compu, los pájaros vuelan en la compu, las nubes se hinchan en la compu. Llueven los avisos parroquiales, crecen carteles de gatos perdidos en los postes y florecen zapatillas de los cables de electricidad en las calles.
Bosque, de Noelia Rocío Díaz Olivier Noelia realizó dibujos para la difusión de Desde el jardín. La serie de dibujos partió de uno que publicó en Facebook: una remera con un ananá estampado. /// Once upon a time un bosque de palos borrachos gigantescos y milenarios. Los troncos tenían las dimensiones de los baobabs que destruyeron el planeta del Principito. El bosque estaba cerrado, cercado y administrado por un Dios. No era lugar para turistas. La Virgen Salvaje cantaba El lado más bestia de la vida. ¿Qué otra cosa podría haber sido una Virgen en la mitad sur del mundo sino salvaje? ¿La Gioconda o una vedette de temporada en Carlos Paz?
Proyecto en fruta, de Eugenia González Mussano Eugenia pensó una obra que acompañara su movilidad y su pequeño equipaje, una mochila, una botella de agua, una manzana. Una obra que pudiera dejar silenciosamente en la casa de sus amigos, en la heladera o en una frutera sobre la mesa. /// Gulliver, perdido, llega a una rocosa isla desierta cerca de la India.
La ciudad y… la ciudad o..., de Tomás Quiroga [Yo.] Partiendo de la verdulería, Tomás caminó cada sábado por calles próximas a la verdulería. Mediante una aplicación instalada en el teléfono celular capturó el recorrido. Una imagen satelital convirtió su desplazamiento en línea, y la línea dibujó pronombres personales. /// ¿Desapareceré cuando se agote la batería del celular?
Naturalia, de Cande Vera Barros Como un insert a sí mismo, como un bucle sin fin, una laptop en la góndola de la verdulería abre una ventana que muestra a su dueña ordenando esa góndola en esa verdulería. Mientras suena Strange fruit de Nina Simone y un call center le explota en la cabeza, Cande dispara flashes continuos sobre una botella de aceite de oliva. Atravesada por una tensión conflictiva entre ser trabajadora y ser artista, transita la encrucijada registrando su actividad habitual de verdulera (reponer las góndolas, atender a los clientes, tomar mate, realizar cuentas), y transforma de esa manera su trabajo en una performance, y su obra en su trabajo, desdibujando límites laborales y artísticos en su propio cuerpo y espacio.
Indivisa, de Aikida Kawabata Una madre empuja el carrito cargado de lechuga. Sobre su cadera, un niño dormido vestido de astronauta. Abre un cajón de la cocina, asoman ocho gatitos blancos y canta “no sé reaccionar a las cosas que trajiste a este lugar”.
Poesía intuitiva. Los pulmones del infinito II, de Jesusa Delbardo En Not I de Samuel Beckett, una boca de mujer recortada en fondo negro arroja un monólogo continuo. Sólo una boca en la oscuridad, sólo palabras y la luz de las imágenes que evocan. Comienza diciendo “out… into this world… this world”. Poesía intuitiva no es una interpretación sino un encuentro. Poesía intuitiva por 50 centavos de dólar a la salida del metro. Jesusa, en Los pulmones del infinito I, sentada en el pasto y con un árbol en cada mano, le hablaba a cualquiera que se sentara enfrente con un discurso fluido e imperativo. En Los pulmones del infinito II, desde la laptop en la góndola de frutas, vía Skype desde Uruguay, su cara escruta a las personas que se asoman y les escribe poesía personalizada. Ellas leen en silencio la cascada de palabras, a veces serias, a veces sonriendo, cuerpo real y rostro virtual en un duelo mudo de sonidos.
Bifurcados Zen, de Lucas Aguirre. Manu Kápilan y Las Hijas de Israel Brutalmente lúdico, como quien juega con barro. Manu edita, encuaderna y publica sus propios minilibros con textos e ilustraciones, mientras se tatúa la frase “consigue un empleo”. Tiene un sueño inquietante sobre el fin del mundo, en el que la llave hacia la libertad era morir con gratitud. Las Hijas de Israel muestran una vieja publicidad de pañuelos tisú que vuelan fantasmagóricos soplados por una geisha. Otra geisha, el holograma japonés Hatsune Miku, convoca a las multitudes a sus recitales moviendo su largo pelo fosforescente. Lucas dibuja una mujer que acuna amorosamente rayos magenta facetados. En la vereda de la verdulería, Lucas dibujó en un pizarrón una mano con una flor de loto. Desde adentro, Las Hijas de Israel realizaron proyecciones sobre la vidriera y una base de sonidos sobre la que accionar. La voz de Manu penetró, se soñó vestido con pijamas en el medio de un lago, abrazando a un oso.
ASPERSOR Obra en construcción, de Claudia Olivera. En una casa abandonada, una máquina expendedora de Pepsi volteada de lado, su puerta es una pantalla donde se ve a obreros trabajando, los mismos que hay en un edificio metros más allá.
Caída libre, de Cristóbal Yáñez Lanzarini. Jardines de calma feroz, el otoño como fondo de pantalla. Parpados caen, hojas caen, Bas Jan Ader cae del techo al suelo, con la bici al río, de un árbol al agua, del balcón y se congela, lágrimas caen en blanco y negro, dos piedras caen en Nightfall y la noche cae.
Bombardeo, de Cintia Clara Romero. Aviones bombarderos sobrevuelan el campo y la ciudad. Las maquinarias de la alegría despliegan sus alas líquidas en la espalda de una mujer con el sonido de los cráteres abriéndose poro a poro en la luna.
Acconci, de Juan Gugger. Para dar cabida a otra voz, encuentra y asume un cuerpo nuevo subordinado a 1) una posición, 2) una postura. Se descalza ante la zarza ardiente para adoptar y habitar la voz divina. Se ríen Dios parlante y parlante humano en perfecta sincronía. Habla en varias lenguas, bajo la mesa, con subtitulado y sin traducción.
Soul field, de Santiago Cao. En la mesa del comedor una serpiente se muerde la cola, en la tele Homero Simpson se arranca pedacitos de su cabeza convertida en dona y se consume, en el baño el brazo atado y la jeringa clavando el colmillo succiona, en el suelo de la cocina un alacrán se ataca hasta morir, en el living un zorro se corta con los dientes la pata atrapada.
Volver, de Yazmín Sirur Kaindl. Como en una película. Como en una película de Almodóvar. Como en una película de Almodóvar, volver al recuerdo. De lo que no fue, como si hiciera falta aclarar que el recuerdo no es realidad.
Aire, de Pamela de la Vega. Una cierva cae preñada en una cueva sin salida. Pare y cría a su cachorro en la completa oscuridad. Por el resto de sus vidas, tratará de explicarle lo que es el color verde, y él imaginará cualquier verdura.
s/t, de Guadalupe Sánchez Abchi. Parece suceder un discurso expresado en términos ambiguos y frases cortas. Pequeñas piezas se acomodan, pequeñas situaciones se presentan. Lumilagro, my hogar, de
María del Carmen Cachín. Muerte de un alter ego. ¿Qué será de Videoman en el más allá? ¿Todos los alter egos van al cielo? ¿Rrose Sélavy ascendida e inmaculada realizará milagros contemporáneos? Tras el asesinato de Mariko Cayinoto, dando cuenta de un estado de encierro, incomunicación y austeridad extrema de recursos, Carmen limpia su reflejo en la superficie inoxidable de la pava, mira el pájaro que golpea detrás del vidrio en la cocina.
Un corazón, de Roxana Cuevas. Pasar por una puerta o por una ventana nunca podría ser lo mismo. Las operaciones corporales en ambos casos difieren notablemente, y es necesario recordar aquí las instrucciones de Cortázar para subir una escalera y para llorar. Para Roxana el corazón es una ventana por la que pasar como por una puerta.
Pic Nic, de Florencia Walter y Carla Monguilner. Córdoba Country Club, un té con el sabor de las cerezas o la trampa de la imagen cándida. En la Córdoba tradicionalista, la tradición de la pintura paisajista impone pensar y hablar de paisaje en el paisaje, a la hora de hablar de arte y a la hora de tomar el té.
Hola, de Marta Mansilla. En la CAP Club están choreando mucho. Consecuencias del trauma: nueva distribución corporal de los elementos de valor al salir a la calle. Las mujeres cargan sus corpiños de llaves y tarjetas. ¡Hello there!, dice Obi-Wan Kenobi a C-3PO luego del asalto en el desierto. Marta le dice hola al teléfono celular de su tobillo derecho, don’t be panic. Una voz contesta y también dice hola.
s/t, de Juan Manuel Ipiña y Victoria Lingenfelder. Los conspiradores del placer es una película en la que algunos vecinos crean sofisticados aparatos protésicos para sus rituales de obsesiva minuciosidad, como pelar milimétricamente una zanahoria con los pies sumergidos en agua con peces dorados. La prótesis es una herramienta que se vuelve parte del cuerpo con el objetivo de mejorar su rendimiento. La máquina numérica es un dispositivo para una otra disposición de los cuerpos, a ser utilizado en diferentes lugares como una iglesia, tapando la boca para ahogar sonidos. Cuerpo protésico de humano-máquina, joven con manos de tijera, Robocop y enjoy yourself.
Hora del té, de Mel Passardi. Me apago y la cámara falla, me mareo y la cámara se tilda, rompo mi cuerpo o rompo a llorar y la cámara se rompe conmigo. Eso es alta fidelidad. La tecnología de uso íntimo, cotidiano y doméstico, responde a nosotros. Nos acompaña en la alegría y el dolor, en la salud y la enfermedad, profundizando nuestra miseria. Y de vez en cuando la tecnología nos besa en la boca y a colores se despliega como un atlas, nos pasea por las calles en volandas y nos sentimos en buenas manos.
Cabelodromo, de Priscilla Davanzo y Grasiele Sousa. Recortar fragmentos y loopearlos, que esos fragmentos sean los de un cuerpo, que ese cuerpo se repita muchas veces, que en ese recorte se parta la cabeza cubierta de cabello oscuro.
Lituraterre, de Jesica Marcantoni. Como la ola de Hokusai, El cóndor pasa es una obra dedicada/debida a un fenómeno de la naturaleza. El cóndor pasa constatando la ley según la cual una línea recta en el cielo es el contorno de un círculo a otras escalas.
Reposo, de Pau Lee. Una tendencia crece en China de la mano de los más jóvenes: sacar a pasear repollos a la plaza cual mascotas. Es un pretexto para iniciar una conversación, un modo de escape a la depresión y la soledad en que se están hundidos, la presión económica y social que los oprime. El psiquiatra chino Wen Chao echó luz sobre esta tendencia. La idea es simple, dijo, tan solitario y simple como una lechuga.
Espacio cuerpo, de Huilen Peña. La misma que en una pared del museo escribió EGOÍSTA, pasa horas interminables cosiendo sobre su cuerpo una segunda piel, del mismo color de su carne, camuflándose de sí misma. Con movimientos de mantis religiosa, subiendo y bajando el brazo con la aguja en cámara rápida, es a la vez tela cosida y máquina de coser.
s/t, de Alexander Del Re. New York - USA, la frase I AM AFRAID OF (SOME) AMERICANS en una remera, letras negras sobre fondo blanco. New York - USA, la frase I AM en el piso de la calle, letras blancas sobre fondo negro. Córdoba, Código de Faltas, Portación de Rostro, Tolerancia Cero, arquitectura de campanas, de Roca y cemento, Provincia Sojera, Media Legua de Oro, Ciudad de Líneas Rectas, ¿Cuán neta puede ser una línea trazada con sal?
Entre frágiles II - Tierra de nadie, de Indira Montoya. Una mano dibuja una línea en el aire, la línea y la mano dibujan un cuerpo, el cuerpo cobra entidad. Entidad y vida son cosas diferentes.
yo/veo/otro, de Natalia Primo. Manifestación: concentración pública de gran número de personas que recorre las calles para exponer, declarar o expresar una situación u opinión. Manifestación: aparición de una entidad. En pleno centro y a hora pico, una mujer roja camina entre la multitud mirando hacia atrás, siempre hacia atrás.
Durante, de Lucrecia Requena. Lo oculto puede revelarse, estallando violenta y clásicamente, como clásica tragedia griega, o encenderse budista, abrirse e iluminarse, cual flor de loto. La diferencia radica en la mano que chasquea los dedos.
Vanitas, de Ana Volonté. Se pone una torta sobre la cabeza y comienza a decorarla minuciosamente con una manga. Mirando fijo hacia delante como quien se maquilla ante el espejo, agrega frutas hasta que es demasiado. La cuidada estética de un clásico vanitas que recuerda a A Little Death de Sam Taylor-Wood, donde la imagen estática de un bodegón cobra vida en la progresiva descomposición de un conejo.
Formas de amar, de Juan Montelparte. Ante el abrazo rojo del viento y la negra caricia de la ciudad, ¿cómo andar sin lastimarse? Los amantes en el verde se clavan semillas mutuamente, devoran rosas blancas y las escupen. Formas de pensar: arrastrar la cabeza entre las hojas muertas.
Formas de amar: acciones simples para curar objetos violentos. Destruir una rosa para construir otra, una y otra vez. Algo tiene que cambiar, de Jesusa Delbardo. Pararse en una esquina y emitir un profundo grito, proyectándolo hacia delante acampanando las manos alrededor de la boca, luego cruzar la esquina y adentrarse en el silencio que el sonido perforó.
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