miércoles, 28 de octubre de 2026

2011.12.16

 Carnicería La Paz 16 de diciembre de 2011


LA INSOPORTABLE OBVIEDAD DEL SER. Cuando el arte pierde la apariencia estética que lo diferencia de la realidad y de la praxis vital, lo que aparece es la apariencia de la sociedad administrada. En otras palabras, históricamente el arte se ha caracterizado por ser diferente de la realidad y evidenciarse a sí mismo, llamando la atención, pero cuando en la modernidad comienza a camuflarse hasta no ser diferente de la realidad, lo que se manifiesta, lo que queda en evidencia, es la propia realidad.









Proyecto Munino industria cultural, de Jimena Munino Elías 

Desde sus comienzos en el arte, Jimena Elías produjo una serie de criaturas de sonrisa permanente y ojos redondos y húmedos, llamadas muninos, La palabra munino también fue incorporada al nombre artístico de Jimena, quien creó con ella una marca comercial, una factoría donde se aunaron la persona y el producto. El acabado de estos personajes tiernos y coloridos oscilan entre el diseño y la artesanía y tiene apariencia industrial, parecen productos seriados que podríamos encontrar en una tienda de decoración. En Galerías efímeras el Proyecto Munino comenzó como una instalación entre guirnaldas semejante a una ambientación de cumpleaños infantil, y luego se abrió a una deriva más allá de la muestra por intervención de los dueños del local. Los muninos fueron usados en los cumpleaños de Mili, Delfi y Nacho Rinstich, y posteriormente Freddy, el papá, propuso tomarlos como blanco para practicar tiro de escopeta en una excursión a las sierras.






Cómo explicarle el mundo administrado a un conejo vivo, de Juan Gugger 

Juan dispuso en la carnicería una mesa de comida para el público. Ameno anfitrión, distribuyó platos con grisines, fuentes con salsas y cremas de varios colores, y llenó los vasos de vino a lo largo de la jornada. Un cliente que salía de la carnicería con su bolsa de asado y carbón, quedó fascinado con los sabores. Nada advertía a los comensales acerca de la naturaleza de lo que estaban comiendo. Con posterioridad, un catálogo difundido vía web permitió conocer la otra faceta de la encantadora velada: las recetas eran veganas y fueron proporcionadas por licenciados en arte y psicología, investigadores y activistas en feminismo, derechos de los animales y lucha contra el especismo. Cual bomba, la obra plantó comida vegana en el corazón de una carnicería.






























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