miércoles, 28 de octubre de 2026

2016.04.29

 Un taller de artista 29 de abril de 2016

¿PUEDE UNA OBRA ESCONDERSE? Esconderse se está volviendo una tarea muy dificultosa. El fugitivo debe no entregar sus datos personales a ninguna empresa, debe no exponerse en redes sociales, debe identificar las cámaras de vigilancia y eludir posibles delatores. Muchos artistas, al revés del fugitivo, quieren carteles con sus nombres y retratos, quieren mantenerse permanentemente visibles (incluso si nadie los busca ni se interesa por ellos). Como delatores de sí mismos, ponen cámaras delante suyo o, en su defecto, frente a sus obras (y hasta las explican). Pero también existen artistas que aprenden del fugitivo. Producen sin necesidad de figurar en escena y, cuando deciden exponer, es para sembrar pistas falsas y erigir criptografías inservibles. El fugitivo, escribió Aira, “va creando a su paso un espacio propio, volviéndose lugar él mismo”. De igual modo, hay artistas que son como esas construcciones árabes que de lejos parecen áridas y tras los muros contienen jardines frondosos y elaborados. Tal vez sean un oasis, un dibujo que aparece y desaparece según desde dónde lo mires.


Visita guiada, de Marisol San Jorge y Eva Finquelstein 

¿Qué pasaría si un demonio de Tasmania fuera el guía de una muestra de arte? Esta Visita guiada fue una versión trastocada de las visitas guiadas habituales en los museos. Una invitación a recorrer el taller de Marisol San Jorge y su exposición Escondido al revés, y descubrir o redescubrir las obras a través de la aventura que implica montarse en el verborrágico discurso de una guía que, lejos de aclarar las cosas, dejó a los espectadores confusos y despeinados. Un viaje en una montaña rusa mientras la voz un tanto disonante de una azafata develaba obras, dibujos, objetos, mundos. Y un elaborado discurso cuya única palabra fue “banana”. (Extracto de lo dicho: “banana”.)












































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