Cotillón Ruta 20 8 de enero de 2016
LA CASA DE OTROS. Las escuelas primarias enseñan que un ecosistema es un conjunto de seres bióticos (con vida) y abióticos (sin vida), en el cual las condiciones de unos y otros son interdependientes. Pero suele olvidárseles enseñar que siempre existe lo no vivo en lo vivo y que, además, habría que cuestionar la sustancialización del individuo. Cada humano, por ejemplo, no es un solo ser sino una especie de zoológico itinerante. Luego de ver los gráficos de ecosistemas que proponen un loop eterno, podemos leer a Emanuele Coccia, quien dice que “la naturaleza no es el reino del equilibrio perpetuo, en el que todos estarían en su lugar. Es un espacio para la invención permanente de nuevos seres vivos que alteran todo el equilibrio. Todos los seres migran, todos los seres ocupan la casa de otros. La vida, básicamente, es sólo eso”.
Fresca, lo cotidiano de la resaca, de Gabriela Grimaux
Con la resaca de enero, Gabriela vino a Córdoba. Quiso venir con Ayelén pero Ayelén enfermó, quiso traer una torta princesa pero sus intentos reposteros fracasaron, quiso traer muchas cosas pero se vio sola y decidió decantar por una pequeña mochila, ensayó la canción What’s Up de 4 Non Blondes para cantar metiendo su cara dentro de un táper (así su voz resonaba) pero se olvidó de cantar. Gabriela quiso que todas estas vicisitudes fueran parte de su obra, como resaca. Trasladó al cotillón su habitación, fusionando vivienda, espacio comercial y espacio de arte. En el piso, una bolsa de consorcio repleta de ropa sucia, un par de zapatillas, una silla y una banqueta. Sobre la vitrina, una colección de fanzines (cuatro números de Los labios y otros que abordan la diversidad de género), una radio sintonizada en una señal local, y una laptop en la que se suceden textos y fotografías del espacio de arte La Casa. Descalza en medio del local, fritó cebolla. El aroma convivió con suvenires de comunión, guirnaldas mejicanas y cerezas en lata, y pronto se asomó a la calle. Una bolsa de pan abierta, una tarta de manzana trozada, botellas de cerveza fría, servilletas de papel y vasos de plástico invitaron a servirse. Resultado: personas sentadas en el suelo, comiendo, bebiendo, hojeando publicaciones, escuchando música y charlando, con antenitas en la cabeza. También frascos con aceite quemado, colillas de cigarrillo, pan mohoso y papas brotadas.
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