Cine Tao Sex 13 de marzo de 2016
OH MY GOD, OH MY GOD. Los hermanos Lumière patentaron el cinematógrafo en 1895 y ese mismo año exhibieron La salida de los obreros de una fábrica francesa en Lyon y Llegada de un tren a la estación de la Ciotat. El cine estaba naciendo junto con la ciudad moderna. Muy pronto, las cosas producidas por el humano comenzaron a ocupar el lugar del humano mismo en muchos ámbitos, incluido el arte. El futurismo se encargó de sustituir en la pintura los desnudos por la representación de máquinas: donde había rosadas carnes, ahora habría que ver rugiente velocidad, geometrías inorgánicas y lubricadas. Era el comienzo de un camino que conduciría al mingitorio de Duchamp, y, luego, a lo que llamamos arte contemporáneo. Pero todo esto apenas ha afectado a ciertos espacios de formación en artes, que siguen apostando casi todas sus fichas a poner un cuerpo sin ropa entre pinceles, paletas y atriles.
MATAME42 de Juan Manuel Ipiña
Juan realizó una obra-proceso-experiencia en la que las mujeres eran numeradas o directamente eran números y máquinas, o partes de una máquina. La máquina numérica consistió en un strap-on (pene femenino, arnés, arnés pene, cinturón poronguero o cinturonga) numerado, un número-objeto que Juan otorgaba a mujeres que, durante una o varias sesiones, utilizaban el arnés con él, en él. Las primeras sesiones de la máquina se orientaban a realizar la fantasía femenina de penetrar al hombre y la del hombre de ser penetrado por la mujer. La máquina numérica fue mutando y derivó en , donde el control del cuerpo del hombre a manos de mujeres pasó a ser un experimento entre la vida y la muerte.
La Venus de Álex, de Álex Mercader
Un patio de tierra negra, una huerta, geranios rojos en flor, luz de plena siesta entrando en jirones por la media sombra. Álex desnudo se aleja de la cámara, el tatuaje de un árbol ocupa toda su espalda. De rodillas se coloca prótesis de penes en el pecho, se masturba mientras su respiración se mezcla con el canto de los pájaros, recolecta su esperma en una mamadera con forma de osito, bebe un poco y el resto lo vuelca en la tierra.
Vestigios del alma, de María Jimena Bueno
En un rincón, lenta y silenciosa, María acaricia su sombra proyectada en la pared: frente a frente, en un juego de espejo, dos gemelas bailan con movimientos amorosos.
Marte y Poing-poing, de Caramelo
Marte muestra la vida doméstica de una mujer de las estrellas y su gato (¿qué tiene que ver con la pornografía? Nada). Poing poing muestra gráficos simples de diferentes posturas sexuales ejecutadas por diversos binomios configurados por galeristas, curadores, críticos, coleccionistas y artistas.
Homoss, de Myler Edson Moss
Fanzines que reúnen imágenes gay. Un culo con una rosa, un hombre con vestidito entre flores, dos penes en una boca, testículos en una mano, testículos entre labios y lenguas, un cuerpo vendado con auriculares, un pie sobre un pene, una erección vestida de fantasma, glup glup glup glup, largos collares sobre un cuerpo, piernas y brazos entrelazados, marineros y policías, prepucios de piel flexible, un pene que se transforma en cala.
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